LIBRO PRIMERO
Contraste entre el justo y los impíos
1 ¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la silla de los escarnecedores,
2 sino que en la ley del Señor está su deleite,
y en su ley medita de día y de noche!
3 Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes[a] de agua,
que da su fruto a su tiempo,
y su hoja[b] no se marchita;
en todo lo que hace, prospera[c].